26 abr 2013

Oscuridad en medio de un cuarto con luces encendidas.

Cierras los ojos. Respiras hondo. Los vuelves a abrir. Nada ha cambiado, por desgracia, piensas. Las clases se estan haciendo un infierno este año, pero por lo menos te mantienen entretenida y alejada de cualquier otra mierda. La tarde llegan suplicando suicidio.

Las clases acaban y te mueves como siendo arrastrado hacía la parada de autobús. En un principio ese camino te encantaba. Sentías plena libertad y felicidad al caminar por el asfalto salpicado de grandes arboles, pero ahora se te hace tedioso y triste. Esperas al autobús con la música al máximo, procurando alejar cualquier pensamiento, sonido de bullicio y cualquier interrupción por parte de algún guiri perdido. Subes al autobús. Escoges el asiento del final. Subes el volumen. Cierras los ojos. Te dejas llevar.

Metes la llave en la puerta. La giras. El cerrojo se abre. Un alivio inmenso se te esparce por todo el cuerpo. Vale, ahora mismo estas indefenso, sin nada que te aleje de ellos, pero al menos, si te atacan, tienes donde llorar sin que nadie te vea. Andas arrastrandote hasta tu habitación. Das un portazo. Echas el pestillo.Cierras los ojos. Silencio.

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